Por: Daniela Morales
Septiembre es el mes de la prevención del suicidio. En Durango, ¿de qué prevención estamos hablando?
De acuerdo con cifras se han registrado 125 muertes por suicidio en la entidad. De ellas, 97 correspondieron a hombres.
Son 125 vidas, 125 familias y cientos de personas que quedaron intentando entender lo que pasó.
Y uno de los grandes problemas es que seguimos hablando del suicidio desde el estigma, desde el señalamiento y, demasiadas veces, desde la comodidad de culpar a quien ya no está.
Se dice que quienes se suicidaron no buscaron ayuda. Pero esa explicación resulta insuficiente cuando existen personas que habían presentado intentos previos y que, aun así, no recibieron la atención o el seguimiento necesarios.
Entonces ¿qué estamos haciendo mal?
Prevenir no significa únicamente organizar campañas durante septiembre, usar el “moño amarillo”, colocar carteles o pedirle a la población que “hable”. Prevenir significa tener servicios de salud mental accesibles, profesionales suficientes, atención oportuna y, sobre todo, seguimiento.
No basta con atender una crisis y después dejar a la persona sola.
Tampoco basta con decirle a alguien deprimido que busque ayuda cuando esa ayuda puede ser inaccesible, tardía o insuficiente.
Y mientras discutimos discursos institucionales, la realidad sigue ocurriendo fuera de las oficinas.
Hay desempleo. Hay precariedad económica. Hay familias enfrentando deudas. Hay jóvenes que viven bajo una presión enorme. Hay depresión, ansiedad, rupturas, conflictos familiares, soledad y aislamiento.
Y también sigue presente el machismo, a muchos hombres se les educa para no llorar, no pedir ayuda, no mostrar miedo y aguantarlo todo. Se les enseña que pedir apoyo es una debilidad, después nos sorprendemos cuando las estadísticas muestran que la mayoría de las personas que mueren por suicidio son hombres.
El suicidio no puede entenderse solamente como un problema individual. También habla de la sociedad en la que vivimos, de las condiciones económicas, de la salud pública y de las redes de apoyo que hemos construido, o dejado de construir.
Por eso septiembre debería servir para mucho más que repetir mensajes sobre prevención. Debería servir para exigir cuentas.
¿Qué está haciendo Durango para reducir estas cifras?
¿Cuántos profesionales de salud mental hay disponibles? ¿Cuánto presupuesto se destina realmente a prevención? ¿Qué ocurre después de un intento de suicidio? ¿Quién da seguimiento? ¿Qué atención reciben las familias? ¿Qué programas existen para los jóvenes y, particularmente, para los hombres?
Porque si en 2026 tenemos más muertes que el año anterior, no podemos presentar eso como un resultado exitoso.
La prevención se mide en vidas salvadas, no en campañas realizadas.
Durango necesita dejar de tratar el suicidio como un tema incómodo, necesita reconocer que existe una crisis y enfrentarla como tal.
125 muertes deberían ser suficientes para dejar de hablar solamente de sensibilización y empezar a hablar de resultados.












































