Por: Yamel Rodríguez Castañeda
El Poeta Destartalado tuvo sed en una noche de verano. Soñó bañarse en un río rodeado de enormes árboles. Soñó beber agua fresca de manantial. Soñó bailar bajo una intensa lluvia. Cuando despertó, estaba empapado de sudor y descubrió que tenía semanas sin saber como era una gota de agua… el apocalipsis tocaba su ventana.
Digamos que usted nunca supo que el mundo se podría acabar, en la versión conocida en estos tiempos. Supongamos, usted estimado lector, estimada lectora, nadie le explicó en la escuela primara sobre los recursos naturales renovables y no renovables. Hagámonos a la idea sobre el supuesto decir de muchas y muchas en el planeta: “a nosotros nunca nos va a pasar”.
De repente, ¡zas!, el apocalipsis llega como mensajería de plataforma digital a su casa y toca su puerta: “el fin del mundo llegó, ¿me puede regalar una firma y confirmarme el código de entrega?
¿A usted pensado sobre el acabose de la humanidad?
Bueno, pues, aunque parezca una rara teoría de los creadores de la última temporada de las Teoría de la Conspiración y por muy jalada que parezca esta columna, parece que hemos llegado, como pueblo, ciudad, estado, país y planeta a un punto donde debemos cambiar nuestra vida.
Deje le cuento una triste historia y después pasamos a las críticas, tomatazos, llanto, reflexiones, dudas en la búsqueda de la reivindicación humana: en días pasados llegué de mis vacaciones y traté de tomar una ducha, lavar algunos trastes y trapear la casa habitación en la que duermo y como los días que laboro en alguna ciudad de la República Mexicana.
Abrí el grifo con la confianza de recibir una dosis de agua fría y no había ni una gota en la regadera. Salí al patio decidido a tomar un baño como en los tiempos de los abuelos y bisabuelos en el campo, es decir con una tina y a jicarazos; pues… ¿usted cree que apenas unas gotas de saludo y unas más de despedida?
En agua potable en el fraccionamiento no llegaba desde hacía semanas. Ni el tinaco, ni la cisterna me podría ayudar pues no, no tenía líquido vital o vital líquido, como lo conocen los doctos de la escritura periodística siempre la búsqueda de adornos para sus textos grandilocuentes y llenos de motivos para leernos un poco más.
Esto, que parecía una jugada del día, como motivo de bienvenida, se prolongó por una semana. Luego, un chorrito ayudó los días posteriores a tener algo para mantener el cuerpo limpio, la boca y darle una pasada al piso para mantener la vida y la casa a flote. Al tiempo, fueron más colonias, las casas, más lugares donde hace falta vivir con agua.
Apenas el lunes pasado de la semana que transcurre, caminé por una colonia de media clase, rumbo a mi centro de trabajo… ¡oh sorpresa!, estaba un camión pipa llenando los aljibes y tinacos, pues sufrían de un desabasto de más de cinco días, desabasto como nunca antes, pues dejaba las casas sin nada, pero nada, de nada, de nadita de agua.
En la tienda, y si, la misma, la famosa tienda de la esquina, un vecino de la zona, aseguraba no conocer peor crisis de agua, enojado aseguraba ir a reclamar al gobierno sobre este problema de desabasto.
Seamos capaces de analizar sin pasiones, filias o juicios contra quien resulte responsable, fuera el gobierno en sus tres niveles, el calentamiento global o las momias de Guanajuato: que si los pozos funcionan, que si las llaves se cerraron bien, que no llueve, que no sabemos aprovechar la infraestructura hidráulica, que si las presas, que si los bordos de abrevadero se secaron con “la calor”, que si no aprovechamos el agua de lluvia, que las empresas, qua la rapiña… ¡más y más quejas!
Tenemos un problema de desabasto por miles de culpas y políticas gubernamentales; tenemos falta de agua por no considerar este bien natural como una bendición y tenemos problemas de agua, porque no sabemos cuidarla.
Debemos estar conscientes sobre algunos vivales vendiendo el agua en pipas en lugares donde la ley no opera de manera funcional. Debemos estar en consciencia sobre esa frase trillada y apocalíptica –uso la palabra no por drama, sino para saber que ya vamos para allá-: “las próximas guerras ya no serán por el petróleo sino por el agua”.
Y pos… ¿sabe qué? ¡Simón! Déjese caer en el sillón con los altos costos del servicio, pues mientras no haya, será más caro todo: extracción, distribución, mantenimiento.
Si puede ahorrar agua: “¡hágalo!”, si no quiere, pues no se queje. En este mundo moderno, llegará un momento en que el apocalipsis será real, pero es posible sobrevivir sin internet, sin autos, tal vez con energía eléctrica limitada: pero sin agua no, la neta el agua limpia, purifica, da vida a la vida, no seamos gachos con la naturaleza y cuidemos nuestro elemento necesario y fundamental para sobrevivir: el agua.
Como siempre, se vale opinar:
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