De una pérdida que cambió su vida nació una causa que, casi una década después, ha acompañado a decenas de personas en su camino hacia un trasplante. Al frente de Fundación LOBER, Estefanía Lozano convirtió el servicio en una forma de vida y la donación de órganos en una causa que busca impulsar desde las nuevas generaciones.
Desde niña aprendió en casa el valor de ayudar a los demás. Sus padres y abuelos le enseñaron que el servicio era una responsabilidad cotidiana, una enseñanza que con los años se convirtió en el eje de su vida.
Mujer, mamá, esposa, hija, emprendedora y líder social, Estefanía se define principalmente como una mujer apasionada por el servicio. Pero detrás de esa vocación existe una experiencia que marcó su vida: la enfermedad y posterior fallecimiento de su padre.
Hace casi 11 años, su papá enfrentó la necesidad de un trasplante de hígado. Durante aproximadamente un año recorrieron ciudades, consultaron médicos y tocaron puertas en busca de una oportunidad. La incertidumbre, los diagnósticos difíciles y los costos del proceso terminaron acompañando una pérdida que llevó a Estefanía a atravesar enojo, frustración y depresión.
Meses después comenzó a preguntarse qué podía hacer para ayudar a otras familias que atravesaran una situación similar. La respuesta fue Fundación LOBER.
La organización nació el 26 de febrero, fecha que coincide con el cumpleaños de su padre, con el objetivo de orientar a las personas que necesitaban un trasplante y promover la cultura de la donación de órganos.
Uno de los primeros casos que marcó el rumbo de la fundación fue el de un joven que había recibido un trasplante de córnea, pero llevaba alrededor de 11 años esperando uno para su otro ojo. Aquella historia hizo que Estefanía entendiera que no bastaba con hablar de donación: también era necesario acompañar a quienes esperaban un órgano.
Con el tiempo, LOBER ha incorporado psicólogos, nutriólogos, trabajadores sociales, jóvenes y otros colaboradores para brindar un acompañamiento más integral a pacientes y familias.
A lo largo de casi una década, alrededor de 60 personas se han acercado a la fundación en busca de orientación o apoyo. Entre los casos atendidos hay pacientes que han requerido trasplantes de córnea, hígado, riñón y médula ósea, y aproximadamente 16 trasplantes han podido concretarse con acompañamiento de la organización.
El trabajo también le ha valido diversos reconocimientos. En 2021 recibió el Premio al Mérito Cívico del municipio y, en 2024, la Medalla Nacional al Mérito Altruista de Fundación Doctor Simi, luego de participar entre 152 personas nominadas de todo el país.
Para Estefanía, esos reconocimientos no representan un logro individual, sino el resultado de una red de personas que han decidido sumarse. Su filosofía es sencilla: ayudar no depende de tener muchos recursos, sino de tener voluntad.
El camino tampoco ha sido sencillo en lo personal. Comenzó este proyecto a los 25 años y, al convertirse en mamá, incluso llegó a preguntarse si debía continuar. Sin embargo, cada nueva persona que necesitaba ayuda y cada voluntario dispuesto a colaborar la convencieron de seguir.
Hoy, su objetivo es consolidar Fundación LOBER en Durango y posteriormente llevar el proyecto a otros estados. También busca que la donación de órganos deje de ser un tema incómodo y se convierta en una conversación cotidiana, especialmente entre las nuevas generaciones.
Estefanía sabe que quizá algunos de los frutos de este trabajo los verá su hija cuando sea adulta. Aun así, continúa “picando piedra”: orientando, acompañando, tocando puertas y reuniendo voluntades.
Porque en su historia, servir no fue una profesión que eligió, sino una enseñanza que recibió en casa y que convirtió en una manera de honrar a su padre y abrir camino para otros.












































