A un año de su muerte, su padre sigue esperando justicia y una sentencia
Han pasado 365 días desde que la vida de Paloma Nicole se apagó y con ella se rompió para siempre el corazón de una familia. Hoy, en el primer aniversario de su muerte, su padre, Carlos Arellano, volvió a pronunciar su nombre entre lágrimas, abrazos y recuerdos, pero también para exigir que finalmente llegue la justicia que, asegura, tanto han esperado.
Paloma Nicol era apenas una adolescente de 14 años cuando fue sometida a una cirugía estética, con autorización de su propia madre, quien llevaba el mismo nombre. El procedimiento fue realizado por el médico cirujano Víctor Manuel, pareja sentimental de la madre. Después de aquella intervención, la jovencita perdió la vida, dejando una historia que un año después continúa estremeciendo a quienes la conocieron.
La madre de Paloma y el médico se encuentran recluidos en el Cereso y enfrentan un proceso penal por los hechos; sin embargo, a un año del fallecimiento de la menor, el procedimiento judicial todavía no concluye y no se ha dictado sentencia.
Este domingo, familiares y amigos se reunieron para celebrar la misa del primer aniversario luctuoso. Entre abrazos, lágrimas y recuerdos, Carlos Arellano permaneció sumergido en un profundo dolor. Frente a los medios de comunicación decidió alzar nuevamente la voz, no solamente como padre, sino como alguien que lleva un año esperando respuestas.
“Yo no voy a quitar el dedo del renglón. Yo hasta que se logre justicia voy a seguir”, expresó con la voz quebrada. Pidió a las autoridades acelerar el proceso y dictar sentencia: “Mi niña ya no va a regresar, pero ya que paguen ellos por lo que le hicieron, de perdida”.
Carlos reconoció que mantenerse ocupado en su trabajo ha sido una de las pocas maneras que ha encontrado para enfrentar el dolor. Las obras, las responsabilidades y mantenerse activo le permiten distraerse por momentos y evitar pensar constantemente en la ausencia de su hija.
Pero este día fue diferente.
Los abrazos de las amigas de Paloma, la presencia de quienes acudieron a recordarla y cada palabra pronunciada durante la misa removieron nuevamente una herida que permanece abierta.
“Era mi todo, mi hija. Me hace mucha falta. Mucho, mucho”, dijo Carlos al recordar a la adolescente que, un año después, continúa ocupando un lugar imposible de llenar.
Su madre, Hilda Margarita Aragón, también habló del dolor que ha significado perder a su nieta y observar el sufrimiento de su hijo.
“Es un golpe muy duro, muy difícil. Yo quisiera que esto ya terminara cuanto antes porque es un martirio estar con esta situación”, expresó.
Para la familia paterna, el tiempo no ha cerrado la herida. Por el contrario, cada aniversario, cada fotografía y cada recuerdo hacen más evidente la ausencia de Paloma y mantienen vigente su exigencia de justicia.
Pero la tragedia también dejó un llamado para otras familias.
Hilda Margarita pidió a los padres de familia no permitir que las niñas sean arrastradas por los estereotipos de belleza o por aquello que observan en redes sociales. Recordó que son menores en proceso de desarrollo y que no necesitan someterse a procedimientos estéticos, mucho menos cuando se encuentran en manos inexpertas.
Hoy, en el primer aniversario de su partida, Paloma no volvió a casa.
Su padre sí volvió a hablar de ella.
Lo hizo con lágrimas, con el corazón destrozado y con una petición que, después de un año, permanece intacta: que haya justicia para su hija.












































